• 25/07/2021 3:45 PM

 

Rejuvenecer sin cirugía: toxina botulínica o Bótox

La toxina botulínica o Bótox (por su nombre comercial) es una sustancia química producida por una bacteria conocida como Clostridium Botulinum, responsable del botulismo, enfermedad que cursa con parálisis muscular flácida y generalizada, adquirida por la ingesta de alimentos contaminados o por el contacto de heridas abiertas con agua o tierra no tratadas que contengan el microorganismo.

Este producto consiste en una neurotoxina que actúa inhibiendo la liberación del neurotransmisor acetilcolina desde las fibras nerviosas hacia los músculos, bloqueando así el flujo de información que les permite contraerse para realizar algún movimiento; en palabras más técnicas, el mecanismo de acción de la toxina botulínica, radica en un proceso reversible de denervación química.

Hasta la fecha se han descrito ocho tipos de toxina botulínica, que se designan con las letras: A, B, C1, C2, D, E, F y G, según sea su afinidad por el tejido nervioso, siendo la toxina de tipo A la más afín de todas. Por otro lado, sobre la base del conocimiento de su forma de actividad, se ha replanteado el uso con fines terapéuticos, de los serotipos A y B, en enfermedades que evolucionan con distonías musculares y en el manejo de la hiperhidrosis (sudoración) palmar, plantar y axilar; y así mismo, desde el punto de vista cosmético, se han implementado para la disminución de arrugas dinámicas.

 

Introducción de la toxina botulínica tipo A en estética

En este sentido, desde el año 1989, la FDA autorizó el uso de la neurotoxina, en una forma sintética elaborada y comercializada por laboratorios Allergan bajo el nombre de Botox®. Desde entonces, se ha difundido y documentado el uso de dosis pequeñas y diluidas de toxina botulínica inyectadas en los músculos del rostro, con la finalidad de lograr su relajación y disminuir los pliegues que produce su contracción durante la gesticulación, sobre la piel que los recubre.

El uso cosmético de Botox® y otras marcas comerciales que han devenido con el tiempo constituye un pilar en el rejuvenecimiento no quirúrgico del rostro, representando hoy por hoy, el procedimiento medico estético más efectuado en el mundo por su eficacia, rápida aplicación y seguridad, siempre  y cuando  la técnica sea realizada por un médico debidamente entrenado en las especialidades de Medicina Estética, Dermatología o Cirugía Plástica.

Consideraciones sobre su utilización

La aplicación más aceptada de la neurotoxina con fines estéticos en el tercio superior del rostro, específicamente en la región frontal, entrecejo y rictus orbitario o arrugas perioculares – las temidas patas de gallo – zonas que constituyen el 70 % del total de las aplicaciones. El tercio medio e inferior del rostro son también blancos de tratamiento, en lo que respecta al abordaje de arrugas malares o de los pómulos, relajación del músculo masetero para corregir el bruxismo, mejoramiento de la sonrisa gingival mediante la relajación del músculo elevador del labio superior y atenuación de las inestéticas bandas que forma el músculo platisma en el cuello por exceso de contracción al hablar o gesticuar.

Dependiendo de la formula molecular de la marca comercial de toxina botulínica que se emplee y de las características inmunológicas inherentes al paciente, los efectos terapéuticos pueden observarse durante un lapso de cuatro a seis meses, posteriormente a los cuales la piel sobre la que se insertan los músculos tratados, se encuentra siempre en mejores condiciones que antes de la aplicación de la neurotoxina, pues durante el tiempo de actividad de la misma,  permanece en reposo sin plegarse y aprovecha mejor los tratamientos complementarios, tanto domiciliarios como de consultorio, destinados a su nutrición y redensificación.

Respecto a la pauta para iniciar tratamiento cosmético con toxina botulínica, no se considera una edad cronológica específica, sino más bien los requerimientos de cada paciente, dependiendo de su patrón muscular. Por lo general, pacientes con masas musculares hipercinéticas o músculos gruesos e hipertónicos (patrón masculino), precisan tratamiento más precozmente, entre los 25 y los 30 años de edad.

El procedimiento de aplicación de la toxina es completamente ambulatorio y consiste en microinyecciones intramusculares en zonas específicas previamente determinadas y marcadas por el médico. Su duración es de aproximadamente 20 a 25 minutos, no requiere el uso de anestesia ni reposo posterior; solamente se aconseja mantener la cabeza erguida y no acostarse, inclinarse hacia delante o hacer ejercicio físico en las primeras cuatro horas siguientes a culminar la técnica, esto con la finalidad de que el producto no se disemine de los sitios en los que fue aplicado.

Los efectos terapéuticos comienzan a evidenciarse a las 72 horas de haber inoculado la toxina, alcanzándose un 60 a 70% del resultado total a los 7 días, momento en que habitualmente se planifica una consulta control para valorar la evolución del paciente y plantear las correcciones que fuesen precisas en cada caso. Se considera que los alcances definitivos del tratamiento se logran a las dos semanas, tiempo en que todos los músculos han alcanzado un grado satisfactorio de relajación y se ha armonizado la dinámica conjunta ente músculos agonistas y antagonistas.

Correcta aplicación garantiza resultados naturales

El uso de toxina botulínica tipo A en medicina estética es un hecho bien sustentado mediante la investigación científica y la experiencia, una actividad legítima y prudente, y un tratamiento excepcional para el manejo no quirúrgico de las arrugas dinámicas del tercio superior del rostro; devolviendo de forma segura y sencilla un aspecto descansado y jovial a los pacientes candidatos de ser abordados con esta terapéutica.

Finalmente, la utilización de dosis y puntos de inyección adecuados al patrón y dinámica muscular de cada paciente, permite la obtención de un grado armónico y funcional de relajación, que se traduce en un resultado natural, en el cual el paciente conserva la capacidad de expresar emociones, minimizando la visibilidad de pliegues musculocutáneos inestéticos  durante la gesticulación. Por lo tanto, es preciso desmitificar que la toxina altera abruptamente los rasgos faciales y así mismo disipar con argumentos como los expuestos en el presente artículo, los miedos que todavía algunas personas conservan en relación a este tratamiento, generados por  las campañas de desinformación,  el intrusismo en el campo médico y la mala publicidad.

Rejuvenecer sin cirugía: toxina botulínica o Bótox

Texto y fotos: Dra. María Verónica Paredes, Directora Médica de Fama